LA ÚNICA ESPERANZA


10. Camino de esperanza

La noche oscura del desierto amedrentaba. El gemido de los chacales la hacía más tétrica y aterradora. Tres hombres cabalgaban silenciosos, en medio de la oscuridad, aprovechando que el sol estaba del otro lado de la Tierra. Atravesar el desierto de día era suicidio. Nadie podría soportar las inclemencias del sol.

Debían faltar pocas horas para que el sol saliera, cuando llegaron al curso seco de lo que parecía que había sido un riacho.

–¡Alto!

La voz del guía se perdió en la inmensidad de arena seca.

Los tres caballeros bajaron.

–Recojan todos los pedregullos que puedan –ordenó el guía.

Al principio, la orden les pareció sin sentido, pero habían prometido que obedecerían sin discutir y, a pesar del cansancio, obedecieron sin voluntad.

“¿Para qué?”, se preguntaban interiormente. “Podríamos aprovechar la noche para avanzar”.

Después continuaron la travesía, disconformes con la orden –aparentemente incoherente– del extraño beduino. La noche continuaba oscura y un viento suave agitaba las ropas de los caballeros, cuando oyeron nuevamente la voz del hombre del desierto.

–Al salir el sol, ustedes estarán felices y al mismo tiempo tristes.

Y se perdió en medio de la oscuridad. A partir de aquel momento, ellos continuarían el viaje solos. Dos de ellos tiraron algunas piedras. Las horas pasaron. El sol del nuevo día salió esplendoroso y brillante. Era hora de parar y descansar. En aquel momento, mientras buscaban en las alforjas algo para comer, vieron los pedregullos y no podían creerlo. Eran diamantes de mucho valor. Eran ricos. Inmediatamente, sin embargo, los embargó la tristeza y el arrepentimiento. ¿Por qué no habían recogido más piedras? ¿Por qué no obedecieron las órdenes del guía, sin discutir?

La vida es así. Caminamos en el desierto de este mundo, rodeados por tinieblas y, con frecuencia, no vemos las cosas que están a nuestro alrededor. Nos transformamos en seres inmediatistas e incapaces de mirar hacia el futuro, especialmente cuando se trata de asuntos espirituales. Para algunos, hablar de la promesa de vida eterna que Dios le ofrece al ser humano, por ejemplo, no pasa de fantasía de niños para compensar las desilusiones y las tristezas de esta vida. Otros la conciben como una existencia nebulosa, irreal, donde “los santos” vestidos de blanco se sientan en las nubes, cerca del arco iris, tocando arpas doradas. Pero ¿qué dice la Biblia respecto de todo esto?

Un día Gilberto, un profesor universitario, muy exitoso en la vida, conversaba con Cristiano, de cincuenta años, su colega.

–Tú eres un hombre inteligente, profesor de ciencias. ¿Cómo puedes creer que existe un cielo? –le preguntaba el compañero de labores.

–Tú ¿no crees en esas cosas?

–Claro que no. Todo eso es apenas fruto de la imaginación humana. Pura ilusión, creencias religiosas sin fundamento que no encajan en ninguna mente racional.

–Entonces, vamos a suponer algo.

–¿Qué?

–Vamos a hacer de cuenta que nada de lo que la Biblia dice es verdad. El cielo no existe, no hay paraíso, Cristo no va a volver. Nada.

–¿Y?

–El tiempo pasa. Finalmente llega el fin de este mundo y descubrimos que tú tenías razón. No existe nada. ¿Qué fue lo que yo perdí?

–Nada.

–Pero ahora hagamos de cuenta que, en el final de todo, descubrimos que yo tenía razón y que tú estabas equivocado. Que sí existe todo lo que la Biblia menciona. ¿Qué perdiste tú?

El colega quedó un tanto desestabilizado. Era un hombre brillante, y no esperaba una pregunta aparentemente tonta. Así, ambos comenzaron a estudiar la Biblia. Rino, como le gustaba ser llamado el colega, prefería asuntos relacionados con el futuro. Al final, ese era el tema que los había llevado hasta ese punto.

–¿Qué enseña la Biblia respecto del fin del mundo y del nuevo orden mundial? –preguntó Rino.

–La Biblia dice que, cuando Jesús regrese, este planeta entrará en caos. Mira: “Pero el día del Señor vendrá como un ladrón. En aquel día los cielos desaparecerán con un estruendo espantoso, los elementos serán destruidos por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será quemada” (2 S. Pedro 3:10).

Rino se acomodó en el asiento. Leyó otra vez el versículo y reflexionó.

–Eso es aterrador.

–Sí, lo es. El apóstol San Juan expresa la misma idea de otra manera. “Vi que el Cordero rompió el sexto sello, y se produjo un gran terremoto. El sol se oscureció como si se hubiera vestido de luto, la luna entera se tornó roja como la sangre, y las estrellas del firmamento cayeron sobre la tierra, como caen los higos verdes de la higuera sacudida por el vendaval. El firmamento desapareció como cuando se enrolla un pergamino, y todas las montañas y las islas fueron removidas de su lugar” (Apocalipsis 6:12-14).

–¿Quieres decir que el mundo será destruido por completo?

–No completamente.

–Y ¿qué sucederá con las personas?

–Ocurrirán varias cosas. La primera de ellas es la resurrección de los justos y la transformación de los que estén aguardando a Jesús en aquel momento. La Biblia es clara: “El Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego los que estemos vivos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados junto con ellos en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire. Y así estaremos con el Señor para siempre” (1 Tesalonicenses 4:16, 17).

–¿Quieres decir que todos los muertos van a resucitar en esa ocasión?

–No todos. Solo los que murieron “en Cristo”.

–¿Y los otros?

–La Biblia responde: “Esta es la primera resurrección; los demás muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron los mil años” (Apocalipsis 20:5).

–¿Qué mil años son esos? –preguntó Rino, un tanto sorprendido.

La curiosidad había despertado su interés.

–Voy a explicártelo, pero antes, es necesario que entiendas que habrá dos resurrecciones. La Biblia enseña lo siguiente: “No se asombren de esto, porque viene la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz, y saldrán de allí. Los que han hecho el bien resucitarán para tener vida, pero los que han practicado el mal resucitarán para ser juzgados” (S. Juan 5:28, 29). Quiere decir que los justos resucitarán en ocasión del regreso de Jesús, para la resurrección de la vida; y los injustos solamente después de los mil años, para la resurrección de muerte.

–Está bien. Pero háblame de los mil años.

–Es un período en el que los justos reinarán con Jesús en el cielo. La Biblia presenta el asunto de la siguiente manera: “Dichosos y santos los que tienen parte en la primera resurrección. La segunda muerte no tiene poder sobre ellos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años” (Apocalipsis 20:6).

–¿Quiere decir que los justos irán al cielo solamente durante mil años y no para siempre?

–Exactamente. El hogar eterno de los justos será aquí, en la Tierra, que será transformada. Los justos retornarán aquí después de los mil años. San Juan describe esa escena de la siguiente manera: “Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir, lo mismo que el mar. Vi además la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, procedente de Dios, preparada como una novia hermosamente vestida para su prometido” (Apocalipsis 21:1, 2).

Las cosas que Cristiano decía parecían increíbles para una mente racional como la de Rino. Él miró la Biblia, y observó lo que estaba escrito. Después, preguntó:

–Espera un poco. ¿Cuál será el estado de la Tierra durante esos mil años?

–Será un caos. En primer lugar, nota lo que va a suceder con Satanás: “Vi además a un ángel que bajaba del cielo con la llave del abismo y una gran cadena en la mano. Sujetó al dragón, a aquella serpiente antigua que es el diablo y Satanás, y lo encadenó por mil años. Lo arrojó al abismo, lo encerró y tapó la salida para que no engañara más a las naciones, hasta que se cumplieran los mil años. Después habrá de ser soltado por algún tiempo” (Apocalipsis 20:1-3).

–¿Quieres decir que Satanás quedará preso?

–Preso por las circunstancias. Esa no es una prisión literal. Es solo un símbolo del cuadro en el que Satanás se va a encontrar. Él no tendrá más a quién tentar. Los justos estarán con Jesús en el cielo, y los injustos estarán muertos en la Tierra. Será una situación de soledad terrible para el enemigo. Jeremías describe el estado de los seres humanos en aquel tiempo de la siguiente madera: “En aquel día, las víctimas del Señor quedarán tendidas de un extremo a otro de la tierra. Nadie las llorará ni las recogerá ni las enterrará; se quedarán sobre la faz de la tierra, como el estiércol” (Jeremías 25:33).

–Estos versículos ¿se refieren al milenio? –indagó Rino.

–En principio, como toda profecía, esos versículos describen la devastación de la Tierra cuando Dios interviene para destruir a los enemigos de su pueblo, pero también tiene una aplicación futura que encaja en la situación de la Tierra durante el milenio. La idea de la Tierra desolada durante el mileno se repite varias veces. “Miren, el Señor arrasa la tierra y la devasta, trastorna su faz y dispersa a sus ­habitantes” (Isaías 24:1).

–Entonces, la Tierra ¿permanecerá completamente vacía y destruida en aquel tiempo?

–Así es. El profeta Jeremías describe la situación del planeta durante el milenio con palabras dramáticas: “Miré a la tierra, y era un caos total; miré a los cielos, y todo era tinieblas. Miré a las montañas, y estaban temblando; ¡se sacudían todas las colinas! Miré, y no quedaba nadie; habían huido todas las aves del cielo. Miré, y la tierra fértil era un desierto; yacían en ruinas todas las ciudades, por la acción del Señor, por causa de su ardiente ira. Así dice el Señor: Todo el país quedará desolado, pero no lo destruiré por completo” (Jeremías 4:23-27).

–Y los justos ¿qué estarán haciendo en el cielo?

–El libro de Apocalipsis responde. Además de reinar con Cristo, revisarán los libros del juicio de la vida de los seres humanos. “Entonces vi tronos donde se sentaron los que recibieron autoridad para juzgar. Vi también las almas de los que habían sido decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios. No habían adorado a la bestia ni a su imagen, ni se habían dejado poner su marca en la frente ni en la mano. Volvieron a vivir y reinaron con Cristo mil años” (Apocalipsis 20:4).

–¿En qué sentido ellos “juzgarán”?

–Haciendo como una especie de revisión. No por causa de Dios, sino por causa del ser humano. En aquel día, muchos de los que creíamos que se salvarían estarán perdidos; y viceversa, también. Es necesario, por lo tanto, que todas las dudas sean aclaradas en la mente humana.

–En el versículo que acabas de leer, se habla de las “almas” de los que fueron “decapitados por causa del testimonio de Jesús”. ¿Son los espíritus desencarnados?

–No. Recuerda que, para este momento, los justos ya resucitaron. La Biblia llama “alma” al ser humano vivo: “Y Dios el Señor formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz hálito de vida, y el hombre se convirtió en un ser viviente” (Génesis 2:7). Otra forma de traducir este versículo es “el hombre se convirtió en un alma viviente”, ya que la palabra en hebreo utilizada aquí se puede traducir como “alma” o “ser”.

Rino era un hombre inquieto, racional e incrédulo. En los últimos tiempos, estaba cambiando bastante, pero la mente inquisitiva no aceptaba las cosas con facilidad. Por eso, corroboraba todo lo que su amigo decía, para ver si concordaba con lo que la Biblia decía. Su interés por el asunto crecía, de modo que preguntó:

–¿Qué sucederá después de los mil años? ¿Cómo será el fin de todo?

Cristiano mojó la garganta con un trago de agua, se acomodó mejor en el sofá y le respondió:

–San Juan relata lo que ocurrirá, de la siguiente manera: “Cuando se cumplan los mil años, Satanás será liberado de su prisión, y saldrá para engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra –a Gog y a Magog–, a fin de reunirlas para la batalla. Su número será como el de las arenas del mar. Marcharán a lo largo y a lo ancho de la tierra, y rodearán el campamento del pueblo de Dios, la ciudad que él ama. Pero caerá fuego del cielo y los consumirá por completo. El diablo, que los había engañado, será arrojado al lago de fuego y azufre, donde también habrán sido arrojados la bestia y el falso profeta. Allí serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 20:7-10).

–¿Cómo? ¿Satanás será soltado de la prisión en la que se encontrará?

–Es que los injustos se levantarán de la muerte. Esa es la segunda resurrección. “Esta es la primera resurrección; los demás muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron los mil años” (Apocalipsis 20:5). Entonces, al ver a los injustos resucitados, el diablo los engañará de nuevo, haciéndoles creer que es posible apoderarse de la ciudad que desciende del cielo. San Juan describe este momento de la siguiente manera: “Vi además la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, procedente de Dios, preparada como una novia hermosamente vestida para su prometido” (Apocalipsis 21:2). En aquel momento, sin embargo, los injustos resucitados avanzarán contra la ciudad de los santos, pero entonces caerá fuego del cielo y serán destruidos.

–¿Todos?

–Absolutamente todos: Satanás y sus seguidores. El apóstol Pablo confirma eso, cuando dice: “Y a ustedes que sufren, les dará descanso, lo mismo que a nosotros. Esto sucederá cuando el Señor Jesús se manifieste desde el cielo entre llamas de fuego, con sus poderosos ángeles, para castigar a los que no conocen a Dios ni obedecen el evangelio de nuestro Señor Jesús” (2 Tesalonicenses 1:7, 8). Ese será el final de la historia del pecado; del mal, no restará ni raíz ni rama. Los pecados y la angustia no se levantarán por segunda vez. La Biblia es enfática: “¿Qué traman contra el Señor? ¡Él desbaratará sus planes! ¡La calamidad no se repetirá!” (Nahúm 1:9).

–¿Y ese será el final de todo?

–No. Ese será, apenas, el comienzo del verdadero nuevo orden mundial. Este mundo será hecho de nuevo. Recuerda que, en ocasión del descenso de la Santa Ciudad, caerá fuego del cielo, y todos serán consumidos. “Marcharán a lo largo y a lo ancho de la tierra, y rodearán el campamento del pueblo de Dios, la ciudad que él ama. Pero caerá fuego del cielo y los consumirá por completo. El diablo, que los había engañado, será arrojado al lago de fuego y azufre” (Apocalipsis 20:9, 10). Ese será el infierno tan temido.

–Pero ¿no es que el infierno dura toda la vida?

–La Biblia habla de “fuego eterno” en el sentido de las consecuencias eternas del fuego. El pecado no existirá más, ni se levantará por segunda vez. Estará acabado eternamente. Alguien que quedara observando a los desobedientes ardiendo en medio de las llamas por siglos y siglos no podría ser el Dios de amor que la Biblia presenta. Un ejemplo claro de lo que afirmo son las ciudades de Sodoma y Gomorra, que fueron consumidas por fuego del cielo. El texto bíblico dice: “Así también Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas son puestas como escarmiento, al sufrir el castigo de un fuego eterno” (S. Judas 7).

–¿Ellas también sufrieron el fuego eterno?

–Es lo que la Biblia declara. Sin embargo, no están ardiendo hasta el día de hoy. Ahora, las consecuencias de todo lo que sucedió con ellas sí son eternas.

El texto bíblico parecía coherente. Rino sentía que toda la conversación con el colega tenía sentido. Al final, Cristiano no basaba sus respuestas en conjeturas humanas, sino que siempre tenía la Biblia abierta y un texto para responder las inquietudes del amigo.

–Y ¿qué ocurrirá con la ciudad que los rebeldes no lograrán tomar? –preguntó.

–Dios establecerá su Reino en esta Tierra. Será un reino de paz y amor, donde él mismo “les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir” (Apocalipsis 21:4). Pero, como está escrito: “ ‘­Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente humana ha concebido lo que Dios ha preparado para quienes lo aman’ ” (1 Corintios 2:9).

–Parece irreal, ¿no crees?

–Puede parecerlo, pero es la promesa divina. Nota lo que afirma Isaías: “Presten atención, que estoy por crear un cielo nuevo y una tierra nueva. No volverán a mencionarse las cosas pasadas, ni se traerán a la memoria” (Isaías 65:17). Los recuerdos tristes de esta vida terrenal serán olvidados para siempre. Traumas y complejos que el ser humano arrastra y de los que, a veces, intenta liberarse inútilmente, serán arrancados de la memoria. Será la vida que Dios siempre deseó que sus hijos tuvieran.

Rino se sentía emocionado. No quería demostrarlo, pero el corazón estaba tocado por las promesas divinas. Había acabado de perder a un hijo de diez años en un terrible accidente y ahora estaba lleno de dudas, pues había intentado salvar la vida del hijo amado y no lo había conseguido. Su vida estaba de cabeza para abajo y, de pronto, se confrontó con las Sagradas Escrituras, y la esperanza comenzó a brillar en su corazón.

–¿Existe mucha gente que tiene esa esperanza? –preguntó con aire de reflexión.

–¡Sí, claro! –le respondió Cristiano–. Muchas personas murieron a lo largo de la historia aguardando “la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. […] Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad” (Hebreos 11:10, 16).

Rino se limpió la garganta y, con voz conmovida, completó.

–Ese debe ser un mundo maravilloso.

–Sin duda. Observa cómo lo describe el profeta Isaías: “Construirán casas y las habitarán; plantarán viñas y comerán de su fruto. Ya no construirán casas para que otros las habiten, ni plantarán viñas para que otros coman. Porque los días de mi pueblo serán como los de un árbol; mis escogidos disfrutarán de las obras de sus manos. No trabajarán en vano, ni tendrán hijos para la desgracia; tanto ellos como su descendencia serán simiente bendecida del Señor. Antes que me llamen, yo les responderé; todavía estarán hablando cuando ya los habré escuchado. El lobo y el cordero pacerán juntos; el león comerá paja como el buey, y la serpiente se alimentará de polvo. En todo mi monte santo no habrá quien haga daño ni destruya, dice el Señor” (Isaías 65:21-25).

–Yo… yo… Disculpa… Yo…

–No digas nada, Rino –lo calmó Cristiano–. Deja que el Espíritu Santo de Dios trabaje en tu corazón y confía en esa promesa. Dentro de muy poco tiempo Jesús regresará, y todo será mejor de lo que tú alguna vez pudieras imaginar.

Los meses pasaron. Rino, con su esposa, continuó estudiando las verdades bíblicas.

Hoy, ambos encontraron la única esperanza.

Esperanza de un nuevo comienzo

Tú puedes tener la esperanza de un nuevo comienzo. Conoce un poco más sobre lo que Dios está preparando para aquellos que lo aman.
  1. Después de la segunda venida de Cristo, los salvos estarán en el cielo con Jesús. Apocalipsis 20:6
  2. Durante el milenio, la Tierra quedará vacía y desolada. Jeremías 4:23-26; Apocalipsis 20:1-3
  3. Durante ese período, los incrédulos permanecerán muertos en la Tierra. Apocalipsis 20:5
  4. Mientras, los fieles participarán del juicio de comprobación. 1 Corintios 6:2, 3
  5. Al final del milenio, la Ciudad Santa descenderá del cielo. Apocalipsis 21:2, 3, 10
  6. Después del milenio, habrá un nuevo cielo y una nueva Tierra. 2 S. Pedro 3:13
  7. En la Tierra Nueva, no habrá más muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Apocalipsis 21:4
  8. Los puros de corazón verán a Dios. S. Mateo 5:8
  9. Los que siguen la verdad vivirán en la nueva Tierra. Salmo 15:1, 2
  10. Los salvos tendrán paz eterna. Isaías 32:18